Un día más

Por Guillermo René Dávila Huízar

“El amor a veces llega
como un gato nocturno
lleno de oscuridad y de silencio…”
Carlos Pinto

Podría decir que así me sucedió a mí, en uno de esos momentos oscuros de la vida, en que nada pides y que tampoco nada esperas, simplemente queriendo que el tiempo pase muy rápido para poder encontrarte con una nueva etapa de tu vida. Con una vida de exilio voluntario, intentando aprender algo que quizás otros tienen y que aún tu ignoras, no sólo que existe, sino que es importante para tu vida. O quizás huyendo de un algo que te tiene ya enfadado y absorto, o aún quizás mejor, con el proyecto a cuestas de encontrar la mujer de tu vida y con ello la felicidad, pero pensando para nada en el amor.

Así estaba yo gastando mis últimas vacaciones en el paraíso, mirando como la semana santa perdía colorido, y yo conseguía teñirme de negro canela. En uno de esos instantes en que más seguro me sentía no sólo respecto de mis emociones, sino también del amor, y sus terribles secuelas de insensatez y desfiguros, fue entonces cuando esa pesadumbre y desasosiego amenazo con venir hasta mi puerta. No merecía que le tomase en cuenta, y como tal le deje aposentarse muy cerca de mí. Todavía en ese momento estaba muy seguro de mi entereza y fanfarroneaba al respecto sin pudor o menoscabo alguno de nada. A ella le había visto ya antes en alguna otra vacación cercana, y le asociaba con el frió del invierno, pero sólo la recordé plenamente al verla girando y evolucionando sin fin en medio de sonrisas y miradas cargadas de insoslayable coquetería. Ella aún sin darse cuenta es la mujer más coqueta que yo haya podido ver, incluso cuando está seria y finge que no estas tú por allí.. (En el afortunado caso de que se haya enterado de tu existencia). Y tendrías que verla cuanto más lo es en el momento en que baila y pretende que pasa el mejor momento de su vida.

Para mi desgracia le encontré el primer día de mi regreso al rancho, y aún peor fue que le siguiera encontrando noche a noche, dando vueltas en una plaza de rancho (atestada de beatos) y siempre perfectamente franqueada por dos o tres de sus primas, y se hizo inevitable el preguntar por ella. Así supe, que estudiaba Derecho y que tenía compromisos (que muy pronto podían terminar). También supe de su nombre y filiación, alguien por allí me dijo que era guapa, y la confundió con alguien más, lo primero en nada me ayudo por que fue lo primero que le note, en tanto que lo segundo hasta pudo haberme desencaminado… Y al final molestado.

La tercera vez que la encontré, la recordé perfectamente de algún otro baile, y supe que ya anteriormente me había gustado, así pude constatar que en eso de mis gustos, no soy tan voluble como se había dicho, así que pude dormir tranquilo respecto de eso, que no de ella. Y por las dudas y nada más por convencerme, toda la noche bailé, muy cerca de ella, mirándole a los ojos y extasiándome en la promesa de algún día ser mirado por ellos. Desde luego cada quien bailo por su lado, yo con una muy prima mía y ella con un muy novio suyo. Agradecí que no tuvieran expasiones espontáneas o maduradas de amor, lo que me hizo soñar que ya tan sólo podían ser  amigos, o simplemente ella era tan recatada y tan decente, que no gustaba de las demostraciones afectuosas en público de la gente.

El cuarto y último día volví a mirarla, tan elegantemente aderezada, que hasta imagine se arreglaba para mí, la mire cruzar a mi lado con destino a la disco y pretendí que no me fijaba en ella, en tanto que ella pretendió que era lunes y la plaza se encontraba vacía. Cuando tras de horas de perder el tiempo y cavilar musarañas, me presenté en la disco mi búsqueda afanosa tan sólo me llevo a concluir que se había marchado, y apenas pude reponerme de la sorpresa acudí, a la más ferviente e incondicional prima que jamás haya tenido,  quien me dio inservibles informes acerca de ella, y en un angustiado y heroico gesto suyo, me prometió una presentación formal para el día siguiente, hoy todavía me lamento no haber estado un día mas y haber escuchado de sus labios (no te amo) sino el más armonioso y quizás efectivo de Rocío… su nombre…

Hoy día sólo me queda soñar, esperar y quizás olvidar en el mejor de los casos y es que hasta antes de ella y por mucho tiempo, no había llegado ese dolor aguado e inclemente, que se mete entre pecho y espalda, y te hace sentirte desgraciado. Apenas la he visto escasos segundos y ya siento que me hará falta para siempre. Males de amores tan penosos como este, algunos pocos desde luego. Pero ya tan quedados en el olvido, que yo estaba seguro era capaz de lidiar con los más tormentosos de ellos. Y heme aquí sin haberlo pedido o haber hecho nada para merecerlo, viene y se planta en mí un sentimiento del cual reniego, pero que no puedo expulsar, y me dicta lo que debo hacer y como me debo sentir. Definitivamente que no es para siempre pero hasta cuando tendré que soportar su odiosa y perversa mordacidad.

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